Querido diario,
En mi séptimo día en Perú, mi viaje sigue avanzando con emocionantes aventuras y descubrimientos. Hoy me dirigí desde el Valle Sagrado hacia Cusco, una ciudad rica en historia y encanto. Cada rincón de este lugar parece estar impregnado de la grandeza de la civilización inca y la vitalidad de la cultura peruana.
Comencé mi día temprano, saliendo a las 10 de la mañana hacia Cusco. El viaje fue un trayecto lleno de paisajes impresionantes, que me recordaron la diversidad de este hermoso país. Una vez en Cusco, mi primera parada fue una clase de pisco sour, la bebida emblemática de Perú. Aprendí sobre su historia y tuve la oportunidad de preparar mi propia bebida mientras compartía risas y momentos agradables.
Por la tarde, me embarqué en una caminata por la ciudad, descubriendo sus tesoros culturales uno tras otro. Mi primer destino fue el Templo del Qoricancha, un lugar que destila la magnificencia de la civilización inca. La fusión de la arquitectura inca y española fue un recordatorio de la rica historia de esta región.
La Catedral del Cusco fue mi siguiente parada, una estructura imponente que se erige como un testigo de los cambios que ha vivido esta ciudad a lo largo de los siglos. La Plaza de Armas, el corazón del Cusco, estaba llena de vida y actividad. Me tomé un momento para sentarme y absorber la energía de este lugar, mientras observaba a la gente pasar.
Mi caminata me llevó a la famosa Piedra de los Doce Ángulos, un ejemplo impresionante de la maestría en la construcción de los incas. Exploré el pintoresco barrio de San Blas, con sus calles empedradas y talleres de artesanías. Cada rincón tenía una historia que contar y un pedazo de cultura que compartir.
Mi día en Cusco terminó con tiempo libre, un momento que aproveché para disfrutar de la ciudad a mi propio ritmo. Me detuve en una cafetería local para disfrutar de un café caliente y degustar el delicioso pancito cusqueño. Observé la vida que fluía alrededor y reflexioné sobre todas las experiencias que había vivido hasta ahora.
Mañana, continuaré explorando Cusco, sumergiéndome en su historia y su esencia. Cada día en este país me llena de gratitud y asombro, y estoy emocionada por lo que está por venir en esta increíble travesía.
Hasta la próxima, querido diario, mientras sigo compartiendo mis emociones y descubrimientos en este viaje único.
Con alegría y gratitud,
Claudia Montenegro


